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    Rediscover the Saints - Beast Lent Ever

    Harry: With Your Whole Heart

    Today's BEST LENT EVER content is drawn from Chapter 12 of Matthew Kelly’s new book: Rediscover the Saints.

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    BEST LENT EVER helps me to focus daily on God's will. In a world that seems to be self destructing, it's easy to become consumed with anxiety and fear, especially for my kids and grandkids’ futures, but I know in the end God wins.

    - Dexter

    Impacting Lives

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    Transcript

    We named our second son Harry, Harold James, after my mother's father. Grandpa Harry—he was a fine man; he was a man of great character, great integrity; and he was a very quiet man. He came back from the second World War—he just became a very quiet man, hard-working, took care of his family, worked out in his workshop. I remember going into his workshop in his garage, and he could make anything; he could fix anything; it was like he had magical powers. As kids, me and my brothers would go to visit my grandparents. And Grandpa had this place where he could make anything or fix anything. So if we ever broke anything, my parents would say, "Well, put that aside. We'll take that on Sunday when we go to grandpa's house, and he'll help you fix that."

    A beautiful thing was, we'd go, we'd come with something we'd broken, and first thing Grandpa would is ask was like, “Well, how did this happen?" And it was obviously very clear, very often, that whatever needed to be fixed had been mistreated, sometimes maybe in an extreme way. And that's the nature of having seven brothers and a lot of, sort of, things going on. But his first question would be well like, "How did this happen?" And then we'd have to tell him the story, and he'd usually get a giggle out of that. He could fix it—I mean he could fix it in two minutes on his own—but that wasn't his way. His way was always to involve us, to have us fix it with him helping, with him supervising. And so those experiences were—they were great experiences, but they were very educational.

    And so we named our second son Harold James, after my mom's father. And very little is known about St. Harold. We know that he was murdered as a child in England. And we don't really know that much more. And on hand, we might say, "Well, that's a tragedy." And on another hand, we might say, "Okay well, that's good." Because not every saint has to be a superstar. Most saints are not superstars. Most saints go about their lives; they do their thing; they live with honesty and integrity and love their family and love their friends. And most saints pass through this world unproclaimed. And it's very, very, very important that we recognize that—only a tiny, minuscule portion of saints get canonized and end up in books and things like that—because without that understanding it can distort how we think about the saints. It can distort what we think a saint is. And so these anonymous saints remind us it's just about doing what God puts in front of you each day. It's about doing those things with great love, with great compassion, with great encouragement for others. It's just about doing what is put in front of you each day.

    And it's about that, you know? So the question I ask you in the book and in the journal is, "When was the last you did something with your whole heart?” When was the last time you did something with your whole heart? When was the last time you put your whole heart into something? Because that's what the saints teach us. They teach us to put our whole heart into whatever God has put in front of us today.

    Transcript (Español)

    Llamamos a nuestro segundo hijo Harry, Harold James, en honor al padre de mi madre. El abuelo Harry —era un buen hombre, era un hombre de buen carácter, gran integridad y era un hombre muy tranquilo. Al regresar de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un hombre muy tranquilo y trabajador que cuidaba a su familia y trabajaba en su taller. Yo recuerdo ir a su taller en el garaje, él podía hacer cualquier cosa, podía arreglar cualquier cosa; era como si tuviera poderes mágicos. De pequeños, mis hermanos y yo, íbamos a visitar a los abuelos. El abuelo tenía un lugar donde podía construir cualquier cosa o arreglar cualquier cosa. Si rompíamos algo, mis padres decían: «Bueno, no te preocupes por eso. El domingo cuando vayamos a la casa del abuelo y él te ayudará a arreglarlo».

    Algo que me encanta, cuando miro hacia atrás, es que cada vez que le llevábamos al abuelo algo que se había dañado lo primero que él decía era «¿Cómo sucedió esto?». Y obviamente, estaba muy claro, en la mayoría de los casos, que todo lo que necesitaba arreglo había sido maltratado, a veces de una manera extrema. Esa es la naturaleza de tener siete hermanos y el ajetreo de la casa. Pero su primera pregunta fue siempre: «¿Cómo sucedió esto?» Y luego teníamos que contarle la historia, y por lo general le causaba mucha gracia. Él podía arreglarlo —quiero decir que él podía arreglarlo rápidamente por su cuenta— pero ese no era su estilo. Él siempre nos involucraba, nos hacía que lo arreglemos junto a él, con su supervisión. Esas experiencias fueron grandiosas —fueron experiencias grandiosas , fueron muy educativas.

    Así que llamamos a nuestro segundo hijo Harold James, en honor al padre de mi madre. Se sabe muy poco sobre San Harold. Sabemos que fue asesinado de niño en Inglaterra. Y realmente no sabemos mucho más. Por un lado, podríamos decir: «Bueno, eso es una tragedia». Por otro lado, podríamos decir: «Esta bien así». Porque no todos los santos tienen que ser una superestrella. La mayoría de los santos no son superestrellas. La mayoría de los santos viven sus vidas, hacen lo suyo; viven con honestidad e integridad y aman a su familia y aman a sus amigos. Y la mayoría de los santos pasan por este mundo sin ser proclamados. Y es muy muy importante reconocer eso —sólo una pequeña y minúscula porción de santos son canonizados y terminan en libros y cosas así— porque no comprender esto puede distorsionar la forma en que pensamos acerca de los santos. Puede distorsionar lo que creemos que es un santo. Los santos anónimos nos recuerdan que la santidad está en hacer cada día lo que Dios nos pide que hagamos. Se trata de hacer esas cosas con mucho amor, con gran compasión y con mucha motivación para los demás. Se trata simplemente de cumplir con aquello que se nos encomienda cada día.

    De eso se trata, ¿sabes? La pregunta que te hago en el libro y en el diario es «¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo con todo tu corazón?». ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo con todo tu corazón? ¿Cuándo fue la última vez que pusiste todo tu corazón en algo? Porque eso es lo que los santos nos enseñan. Ellos nos enseñan a poner todo nuestro corazón en lo que sea que Dios haya puesto frente a nosotros.

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