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Spanish Edition Everybody Needs to Forgive Somebody (Paperback)

| PARTE 1 | RECIBIENDO EL PERDÓN
Experimentando a Dios y perdonándote a ti mismo, lo cual puede ser el perdón más difícil de todos.

Abriendo el Camino al Hogar: Millie

“Pude verlo en su rostro. Pude verlo en sus ojos”

Millie había cometido un horrible error, y quería llegar a su hogar. No deseaba más, y no pudo aceptar menos.

Casada a los dieciocho años de edad, Millie se volvió más inquieta diez años después. Con tres niños que cuidar, y todo el peso de la adultez sobre sus hombros, pronto encontró entusiasmo en los brazos de otro hombre. Durante cuatro meses, se encontró con ese hombre clandestinamente, y su apasionado amorío se apoderó de toda su vida, tanto corporal como espiritual.

Después de cuatro meses de encontrarse con su amante en moteles y automóviles estacionados, Millie dejó a su esposo y a sus tres hijos. Se mudó con su amante. Pusieron su casa en el mismo pueblo, a sólo unas pocas millas de distancia de su esposo e hijos. El esposo de Millie estaba devastado, pero rehusó renunciar a ella, a sus votos y a su familia. Le escribió notas. Le dejó mensajes. En una ocasión, físicamente la cargó y la llevó a la iglesia para reunirse con su párroco. Mas Millie rechazó todos sus esfuerzos, hasta llegó tan lejos como decirle al pastor, “No lo necesito. No quiero esto. He terminado con todos ustedes”.

Por casi un año, Millie se deleitó con su recién descubierta libertad. No niños. No responsabilidades. Sólo la pasión y la emoción de estar enamorada de alguien nuevo.

Un Miércoles por la mañana, Millie se despertó de más de una manera. Esa mañana se dio cuenta de la realidad. Su mente se enfocó, y pensó, “¿Qué he hecho?” Supo que estaba cometiendo el error más grande de su vida. Todas las decisiones del año anterior se desplomaron a su alrededor.

Había tomado a un hombre que la amaba incondicionalmente, y a los niños que habían criado juntos, y los había botado al lado del camino como a una colilla de cigarro. La ola aplastante de lo que había escogido la abatió. Y decidió, “me voy a mi hogar”.

Millie no esperaba que su esposo la perdonara, pero sí que por lo menos la acogiera. Simplemente quería volver a su hogar. Eso era todo. Estar de nuevo en la órbita a la que pertenecía. No importaba si podría o no arreglar las cosas, porque al menos estaría en su hogar.

Millie se estacionó en la entrada para automóviles y fue a la puerta de la casa. Oyó a los niños jugando en el patio y se detuvo en la puerta por mucho tiempo. Era un Miércoles por la noche, justo antes que su esposo y sus hijos saldrían para ir a la iglesia. Después de lo que pareció una década. Millie tocó la puerta. Su esposo la abrió y ella no pudo mirarlo. Estaba temblando y avergonzada.

Su esposo dio el primer paso. Puso las manos en el rostro de Millie, levantándole el mentón. Mirándola a la cara, le dijo, “Bienvenida a tu hogar”.

Ella respondió, “quiero venir a casa”.

Y él la atrajo hacia sí, y eso fue todo.

Rezaron. Millie lloró. El lloró. Esa noche fueron a la iglesia. Y su párroco, a quien Millie había despedido y rechazado verbalmente meses antes, abrió los brazos y dijo, “Bienvenida a casa, Millie. Estoy tan contento de que estés aquí”.

Esas fueron solamente las primeras bienvenidas que Millie recibió. Brazos abiertos pronto llegaron de sus suegros, y de otros miembros de la iglesia.

Una semana después, Millie descubrió que estaba embarazada. La noticia significó una cosa obvia: Ella llevaba el hijo de su amante. Adulterio. Hijo ilegítimo. Esposo. Tres niños dependiendo de ella. No hace falta decir que Millie estaba devastada por la noticia. La gravedad de su error aplastó su mundo.

Una semana en casa, una semana tratando de corregir las cosas, y ahora esto. Un embarazo inesperado y totalmente no deseado, de un hijo que podría ser un recordatorio permanente del más grande error que Millie jamás había cometido y el dolor tan real y profundo que había infligido en su familia. Ella sabía lo que quería hacer: darle fin al embarazo.

Esa tarde, Millie le dio la noticia a su esposo.

Como había hecho en la puerta de su casa una semana antes, él la miró a los ojos y dijo, “Esto va a estar bien”. Millie compartió que no creía que podría seguir con el embarazo. El dolor del recordatorio vivo de su adulterio era algo demasiado grande que soportar. El le dijo que harían algo maravilloso del dolor y criarían al bebé juntos.

Afortunadamente, el amante no quiso tener nada que ver con el niño, y Millie y su esposo ahora tienen otra hija adorable. Sus suegros y amigos más cercanos, la mano de personas que conocían la historia completa, acogieron a la bebé igual que habían acogido a Millie cuando regresó.

Algunas de las personas del pueblo saben, y le preguntan al esposo de Millie, “¿Cómo pudiste aceptarla de nuevo?” “¿Cómo pudiste perdonarla?” Cada vez, él responde de la misma manera: “Saben, con todo eso que Cristo hizo para perdonarme, ¿cómo podría mirar a mi esposa, la mujer que El me dio para amar, y decir, ‘Sabes, tú has hecho algo tan horrible que no puedo perdonarte’?”

El generoso perdón de su esposo trajo a Millie de nuevo al hogar, esta vez para quedarse. Su perdón trajo a una bebé de la muerte a la vida, a una madre a tiempo completo a sus hijos, a su compañera del alma de regreso a él, y un futuro a todos los envueltos. Por medio del perdón, el esposo de Millie creó un futuro que incluirá nietos que aún no han nacido y cimas que aún no se han alcanzado.

Para Millie, la parte más dura ha sido perdonarse. Eso ha tomado unos cuantos años.

En sus palabras, cuando lo compartió conmigo en mi programa de radio, “Es algo con lo que todavía lucho. A unos meses de estar en la relación con el otro hombre, sentí que no podía volver a mi casa. Sentí que había ido demasiado lejos, había hecho demasiado y no podía regresar. Era demasiado mala. No merecía a mi esposo y todo el tiempo él me había hecho saber que me estaba esperando. Me había dejado mensajes. Me había dejado notas, diciendo, ‘No voy a renunciar a nosotros. Esto no es a donde tú perteneces y esto no es lo que tú eres’. Fue tan abrumador”.

Para Millie, se convirtió en el retrato perfecto de quién Dios es.

¿Cuándo se sintió perdonada por su esposo? “El momento que me presenté en la puerta y dije, ‘Quiero venir a casa’. Fue instantáneo. Lo supe. Pude verlo en sus ojos”.

Millie asumió que tomaría mucho tiempo recuperar la confianza y reparar su relación. “Sentí como si fuera a emprender un largo camino, y no fue así realmente. Desde el principio, lo llamaba si creía que iba a demorarme en el trabajo, y le dejaba saber dónde estaba. Nunca me sentí dudada, y él nunca me lo sacó en cara. Nunca hubo nada de eso. Lo duro fue perdonarme a mí misma.”

¿Cuándo se sintió perdonada por Dios? “Yo sabía. Lo supe cuando se lo pedí. Creo que por El. Lo supe cuando fui a mi casa. Vi esa gracia, Vi esa misericordia. Sólo viene de Dios. Como seres humanos, no reaccionamos tan naturalmente. Tampoco creo que yo podría hacer eso. Es horrible decirlo ahora, pero si la situación fuera al revés, no creo que podría hacer eso. No creo que tengo eso en mí. Fue tan devastador, y fue lo más horrible, lo más horrible.

Millie se encontró encerrada fuera de su propia vida, presa por la tragedia de sus decisiones. Sólo el perdón pudo proveer la llave para salir de esa oscura prisión del dolor. Todos necesitamos perdonar a alguien. Mientras que un esposo necesitaba perdonar a su esposa, Millie también necesitaba perdonarse a sí misma. El perdón de su esposo, inspirado por el perdón de Dios, abrió la puerta y un camino hacia una relación restaurada y a un futuro juntos, unidos como familia. Su perdón no le hizo olvidar el error de Millie, su perdón le permitió sobrepasarlo.

PREGUNTAS PARA DISCUTIR

1. ¿Haz hecho alguna vez algo tan doloroso que te parezca imposible perdonarte? ¿En qué parte de tu vida te sientes atrapado?

2. Estás avergonzado de un error que cometiste? Millie volvió al hogar. ¿Qué significa para ti “volver al hogar”? ¿Qué tomaría llegar allí?

PRIMERA AYUDA DE LA VIDA REAL

Crea un diario del perdón. Empieza a escribir los nombres de las personas que has herido y a las que necesitas pedirles perdón. En la página siguiente, puedes escribir el nombre de las personas que te han herido a las que necesitas perdonar. Esta no es una lista de rencores. Es una lista de perdón. Cada día pasa un momento escribiendo las áreas de tu vida en las que necesitas que brote el perdón. Mantener un diario también ayudará a enfocar tu alma cada día en la idea del perdón para que puedas progresar. Este diario también resulta útil a medida que avanzas en este libro y aprendes qué hacer con lo que mencionas en tu diario.

Empieza tu diario del perdón ahora llenando las líneas siguientes.

Personas a las que tengo que pedir perdón ________________________ ________________________ ________________________ ________________________ ________________________ ________________________

Personas a las que tengo que perdonar ________________________ ________________________ ________________________ ________________________ ________________________ ________________________

Spanish Edition Everybody Needs to Forgive Somebody (Paperback)

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About Spanish Edition Everybody Needs to Forgive Somebody (Paperback)

EL PERDON DESATARA UN PODER SUBESTIMADO Y CON FRECUENCIA IGNORADO EN TU VIDA.

Es subestimado porque está subutilizado. No captamos el poder del perdón porque le tenemos miedo, porque nos sentimos cómodos con las heridas con las que estamos familiarizados, o porque somos pecaminosamente tercos. Pero el poder está ahí esperándonos.

La lección es sencilla: Perdona y desatarás un torrente de gracia sobre ti y sobre quienes te rodean. Cuando enojado aprietas el puño y los dientes hacia alguien, no tienes espacio en el corazón para que Dios ponga Su mano en él. Reemplaza tu puño apretado con una mano abierta y observa cómo Dios desborda tu alma con Su gracia.

Este librito y las doce historias de la vida real que contiene te ayudarán a captar el poder del perdón en tu vida. Porque todos necesitamos perdonar a alguien.

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SKU ENTFPSF

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Author Allen Hunt

Book Format Paperback

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