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Spanish Edition Made for More (Paperback)

CAPÍTULO 1
¿QUIÉN DICEN USTEDES QUE SOY YO?

Por un momento, olviden lo que saben – o piensan que saben – sobre religión en general y cristianismo en particular. Miremos imparcialmente la vida de Jesús de Nazaret y empecemos con un simple hecho: A través de todo el mundo y de toda la historia, sería difícil encontrar un individuo cuya vida haya tenido un impacto mayor que la de Jesús. Uno no necesita ser cristiano para decir esto. H.H. Wells, no un admirador particular del cristianismo, escribió:

Soy un historiador, no soy un creyente, pero tengo que confesar como historiador que este pobre predicador de Nazaret es irrevocablemente el mismo centro de la historia. Jesucristo es fácilmente la figura más dominante de toda la historia.

El impacto de Jesús es asombroso, recordando que vivió hace 2.000 años en un lugar atrasado del Imperio Romano y nunca viajó lejos de su casa (excepto cuando vivió en Egipto, por un corto tiempo, de niño). Nunca ocupó una oficina política, nunca escribió un libro, nunca inventó algo, nunca descubrió algo, nunca encabezó un ejército en combate y nunca amasó una gran riqueza. En realidad, nunca hizo ninguna de las cosas que son típicamente consideradas “históricas”.

Conocemos casi nada sobre el noventa por ciento de sus breves treinta y tres años en la Tierra, y durante los tres cortos años de su labor pública, pasó mucha parte de su tiempo en villas fuera del camino más bien que en la ciudad de influencia de la región, Jerusalén. La evidencia indica que parecía evitar la publicidad, aún ordenando a sus seguidores que no le contaran a nadie sobre los milagros extraordinarios que decían haber realizado. En efecto, el acto por el cual El es más recordado – y la cosa a la que los testigos de su vida dedican más tinta en sus documentos sobre El – es que, según todos los estándares convencionales, murió como un fracaso espectacular, rechazado por las mismas personas que buscó, en una forma particularmente grotesca y vergonzosa, reservada para la más baja escoria de la sociedad. Parecía ser un fracaso tal, que su cuerpo tuvo que ser colocado en la tumba de otra persona.

¿Cómo es, pues, que Jesús se ha convertido en la persona más influyente de la historia del mundo? No sólo lo siguen los cristianos como su salvador, sino que otras religiones lo consideran un hombre santo. Las culturas y las tradiciones religiosas han sido impactadas profundamente por la civilización que propagó su nombre en todo el mundo. Aún personas que no tienen una fe religiosa han sido influidas profundamente por él; tanto que, en el Occidente, ser ateo significa principalmente no creer en Jesús. No es en Zeus, Quetzacoatl, o Moloch que un típico ateo occidental se afana por no creer.

Hasta el calendario que la mayor parte del mundo usa hoy día, registra el tiempo desde el nacimiento de Jesús de Nazaret. “D.C.” es una abreviatura de in anno Domini, en latín, que significa “en el año de nuestro Señor”.

Así que, ¿qué separa a este hombre de billones de otros que han vivido en la Tierra? Muchas personas han vivido vidas más largas, y muchas parecen haber logrado cosas mucho más grandes. ¿Por qué un hombre que murió en la flor de su vida – desnudo, pobre, avergonzado, virtualmente solo, y en gran agonía – habría de convertirse en el punto focal de la historia?

Paradójicamente, es precisamente en este momento de aparente fracaso – la vergonzosa muerte de Jesús – que podemos empezar a tratar de desentrañar el misterio. ¿Por qué un hombre que “pasó haciendo el bien y sanando a los oprimidos” (Hechos 10:38), habría de ser rechazado, torturado, y asesinado? ¿Qué hizo Jesús, exactamente, para ganar tal destino?

Los documentos del período más cercano a El lo describen como “una señal de contradicción” (Lc 2:34). A primera vista, Jesús puede parecer ser como otras figuras religiosas, predicando el amor al prójimo; recordándonos las cosas permanentes que todos los profetas, poetas, y narradores nos han llamado a contemplar; y urgiendo a las personas a volverse a Dios y a amarse mutuamente.

Mas algo separa a Jesús de los otros. El mensaje principal de Jesús no es un llamado a la perfección moral, aunque eso es un elemento de sus enseñanzas. No, el mensaje principal de Jesús es Jesús. Otros líderes religiosos como Moisés, Buda, Mahoma, y Confucio tuvieron un mensaje sobre Dios o sobre vivir correctamente para sus seguidores. Pero lo más que tuvieron que decir sobre sí mismos fue que eran maestros de la verdad y del camino correcto o un profeta de Dios.

Jesús se aparta de todos los líderes religiosos del mundo haciendo una afirmación más radical y única. El afirma no ser un mensajero sino ser el Mensaje. En breve, la cuestión es su identidad.

De modo que ¿quién es El? Esa pregunta – quizás la pregunta más provocativa de la historia de toda la raza humana – es una que El mismo le hizo a sus seguidores: “Según el parecer de la gente, ¿quién es este Hijo del Hombre?” (Mt 16:13).

Las respuestas de sus seguidores fueron varias: Algunas personas dijeron Juan el Bautista, y otros Jeremías o uno de los profetas. Y, al igual que sus seguidores, podemos ser tentados a dejar la pregunta en el terreno de la opinión pública - ¿qué piensan los demás? Pero Jesús no nos dejará permanecer en lo abstracto. El requiere de cada uno de nosotros la misma cosa que exigió de los apóstoles: tomar una decisión personal. “¿Quién dicen ustedes que soy yo?”

Su respuesta a esta pregunta puede envolver alguna profunda consideración, pero las respuestas posibles son sorprendentemente limitadas.

Miremos algunos intentos no-cristianos para explicar a Jesús.

¿Un Maestro Moral Como Ningún Otro?

Un intento muy popular para explicar a Jesús es verlo como un gran sabio. Bueno, de seguro El es un hombre sabio en una larga tradición de hombres sabios. Muchas figuras religiosas de la historia trasmitieron refranes sabios, hicieron el bien, proclamaron la justicia. Diferente a las suyas, las enseñanzas de Jesús poseen una claridad y una cualidad curiosamente contraintuitiva que habla de alguien que operó en un nivel radicalmente distinto. El era rápido en los debates, pero mucho más que conciso y vigoroso. Pensaba profundamente y, lo que es más importante, vivía profundamente.

Hasta los que no creen en Jesús encuentran que sus enseñanzas son convincentes. Por ejemplo, el gran científico Albert Einstein dijo:

De niño, recibí instrucción en la Biblia y en el Talmud. del Nazareno … Nadie puede leer los Evangelios sin sentir la presencia real de Jesús. Su personalidad palpita en cada palabra. No mito está lleno con tal vida.2

Y sin embargo, por todo eso, perdemos el punto casi enteramente si lo tratamos simplemente con un hombre sabio. ¿Por qué? Porque una y otra vez Jesús está registrado haciendo afirmaciones que no simple hombre sabio hizo jamás.

Jesús Perdona los Pecados

Justamente en uno de muchos incidentes similares, le llevan un paralítico a Jesús y, cuando El ve la fe de los compañeros del hombre, le dice al hombre, “Tus pecados quedan perdonados” (vean Mt 9:2-7). Las personas están escandalizadas. Preguntan “¿Quién puede perdonar los pecados sino Dios?” Entonces Jesús pregunta, “¿Qué es más fácil: decir ‘Quedan Perdonados tus pecados’ o ‘Levántate y anda?’ Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la Tierra para perdonar pecados. Entonces dijo al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a casa’” Al levantarse el hombre por primera vez, su cuerpo restaurado dio un testimonio físico del perdón que Jesús había concedido.

Dos mil años de tomar la revelación cristiana por hecho, puede entorpecer nuestro aprecio de lo que quiere decir el acto de Jesús de perdonar los pecados de un hombre. Jesús no está diciendo “lo bueno es bueno”. Ni está tratando de hacer que una persona discapacitada se sienta mejor acerca de sí misma. Más bien, como sus críticos comprendieron perfectamente, estaba afirmando ser el que estaba ofendido por todos los pecados. El no perdonó a alguien que había tratado de hacerle daño, como pudiera perdonar a un conductor irresponsable que se interpone delante de nosotros o a un conocido que revuelve nuestra billetera. El le ofrece el perdón a un hombre que era, humanamente hablando, un perfecto extraño. Hacer eso fue, como sus crítico supieron demasiado bien, una manera de afirmar que es Dios – porque fue una afirmación de ser El, principalmente, el ofendido por los pecados humanos.

Entonces, el verdadero milagro no es la curación física del paralítico, sino el verdadero perdón de sus pecados. Ya que, por medio de ese acto, Jesús está afirmando ser Dios. Sus críticos tienen razón: solamente Dios puede perdonar pecados, y Jesús no disputa eso. El cura al hombre precisamente para puntualizar que El, el Hijo del Hombre, es también el Hijo de Dios.

Jesús Afirma la Preexistencia

En Juan 8, los líderes religiosos critican a Jesús, diciendo, “¿Quién crees que eres? ¿Crees que eres mejor que Abraham?” Jesús responde, “En verdad les digo que antes que Abraham existiera, Yo soy”. (Jn 8:58). De nuevo, un lector moderno puede que no capte la inmensidad de lo que se está afirmando aquí. Jesús no está afirmando simplemente que es mayor que Abraham (quien murió unos dos mil años antes de que Jesús naciera). Eso sería extraordinariamente suficiente. Jesús está diciendo infinitamente más. “YO SOY” es el Nombre de Dios en hebreo, el Nombre mediante el cual El se reveló a Moisés en Exodo 3. Es un Nombre tan sagrado que los judíos ni siquiera lo escriben o lo pronuncian. En este pasaje, ¡Jesús se aplica ese Nombre! ¡Está afirmando ser el mismo Dios eterno que le habló a Moisés en la zarza ardiente! Los líderes religiosos comprenden perfectamente su afirmación. Es por eso que toman piedras y tratan de matarlo como un blasfemo.

Aquí están algunas otras cosas claves que dijo Jesús:

Jesús Afirma que Es el Unico Camino hacia el Padre

Como todos los sabios, Jesús muestra una forma de convertirnos en una persona mejor. El nos guía, con la palabra y con el ejemplo, para que seamos más amorosos: cuidando de los débiles, de los enfermos y de los pobres; y perdonando lo imperdonable. Pero mucho más que mostrarnos el camino, Jesús dice, “Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14:6). Esta declaración, si no fuera cierta, haría de Jesús un ególatra, no un buen hombre. Por otra parte, si la afirmación de Jesús es cierta, entonces El esta afirmando ser mucho más que un “buen hombre”.

Jesús Permite que le Rindan Culto

En Juan 20:26-29, encontramos a Jesús y a los apóstoles juntos una semana después de Su resurrección. El apóstol Tomás no había estado presente la semana anterior cuando Jesús se apareció a los demás. Tomás había aclarado que no creería que, efectivamente, Jesús había resucitado de entre los muertos a menos que pudiera meter sus dedos en las llagas de Jesús. Entonces, repentinamente, Jesús se aparece y Tomás cae de rodillas, diciendo, “¡Mi Señor y mi Dios!” Siendo judíos estrictos, Jesús y los apóstoles eran necesariamente monoteístas, rindiéndole culto a un Dios solamente. No obstante, cuando Tomás exclama, “Mi Señor y mi Dios”, ni Jesús ni los otros apóstoles lo corrigen. En cambio, Jesús acepta este culto, afirmando así de nuevo ser ese Dios único de Israel. Mientras más miran, más claro se vuelve: nadie pensó que Jesús era simplemente un sabio.

¿Un Guru?

Una vez que realmente captamos lo que Jesús dice sobre sí mismo, la magnitud transparente de la afirmación con frecuencia puede hacer irresistible encontrar alguna forma de eludirla, porque las implicaciones son tan enormes para nosotros. De modo que si Jesús no es un sabio, algunas personas tratarán de resolver el problema volviéndose a las religiones orientales. Tal vez Jesús fue el “guru de los judíos”. Según esta teoría, las afirmaciones de Jesús que es Dios son tomadas en un vago sentido hindú. “Sí”, va esta línea de razonamiento, “Jesús afirmó ser Dios, pero eso es porque creyó que todo es Dios y estaba tratando de despertarnos a la conciencia de Dios de la cual todos somos una parte. Así que El afirmó ser Dios, pero también creía que toda persona y, en efecto, toda cosa, es Dios”.

El problema principal con este recuento es que, simplemente, no viene bien con el récord en lo absoluto. Jesús no sugiere en lo más mínimo la manera de pensar panteísta hindú. Más bien, El enseña enfáticamente que El es Dios y nosotros no. El enfatiza que El viene de arriba y nosotros de abajo (Jn 8:23), que nosotros somos pecadores (Mt 7:11) y que El no tiene pecado (Jn 8:46), que Dios es uno, y que la Tierra es la banqueta de Dios, no una extensión cósmica de Su divinidad (Mt 5:34). En realidad, Jesús es completamente judío con una concepción completamente judía de un Dios que es muy distinto de Su Creación. El Dios que El afirma ser no es Vishnu, Brahma, o ninguna otra deidad pagana. El se llama con el Nombre del Dios de Israel – YO SOY.

O Dios o un Mal Hombre

Jesús afirma ser mucho más que un simple buen hombre. Y si no es el que afirma ser, entonces no puede ser un buen hombre. En su libro Mere Christianity / Simple Cristianismo, el gran apologista cristiano C.S. Lewis describe este trilema.

Jesús afirma que es Dios, de modo que lo es o no lo es. Si no lo es, entonces nos quedamos con dos opciones: o El sabe que no es Dios y es un mentiroso, o erróneamente piensa que es Dios y es un lunático. Lo que con seguridad no es, es un buen hombre simplemente.

Dios

Jesús es…

Simplemente un maestro moral

Mentiroso

No Dios

Lunático

Si Jesús es un mentiroso, no es un mentiroso ordinario. Es un mentiroso de, bueno, proporciones bíblicas porque engaña a muchos para que piensen que está diciendo la verdad haciendo milagros. Tendría que ser un mentiroso espectacular, ya que sus afirmaciones no son mentiritas simplemente sino mentiras de una magnitud sin precedentes acerca de la cosa más importante imaginable. Para que un hombre le haga – y sostenga seriamente – tal afirmación a personas inocentes, tendría que ser mucho más que un simple “embaucador”. Tendría que ser profundamente diabólico.

Sin embargo, estimar que Jesús es diabólico es absurdo. En Sus enseñanzas y, mucho más, en sus acciones él vive una vida que está muy orientada hacia “dar testimonio de la verdad”, como El dice (Jn 18:37). Si es un mentiroso, entonces, ¿con qué propósito concebible? Los mentirosos mienten en busca de algún beneficio. ¿Qué gana Jesús como resultado de Sus afirmaciones? ¿Poder terrenal? Cuando tratan de coronarlo, él se aleja. ¿Estatus? El solamente gana la fugaz admiración de una pequeña multitud de personas aparentemente carentes de importancia – prostitutas, cobradores de impuestos, pescadores – y la eterna enemistad de los líderes que están empeñados en destruirlo y que tienen los medios para lograrlo. Cuando está en juicio por Su vida y es retado categóricamente a responder si en realidad es el Cristo, el Hijo de Dios, El no se cubre y miente. El responde, una vez más en un lenguaje cargado de doble sentido, “YO SOY” (Lc 22:70) – invitando así la crucifixión y la más horrenda y vergonzosa muerte conocida en la antigüedad. Ningún mentiroso empeñado en obtener beneficios terrenales haría esto.

Dios

Jesús es

Simplemente un maestro moral

Mentiroso

No Dios

Lunático

De modo que si Jesús afirma que es Dios y no lo es, nos quedamos con una alternativa solamente: está loco. El problema es que El es radicalmente distinto a cualquier otro lunático que haya afirmado jamás que es Dios. Lean el Sermón de la Montaña en Mateo 5-7. ¿Les suena como el manifiesto de un psicótico? Observen Sus inteligentes interacciones con Sus enemigos o Sus cálidas conversaciones con sus amigos. ¿Piensan, “Aquí está un hombre trastornado”?

Jesús afirma que es Dios

Mentiroso

Pero no es Dios

Lunático

Por el contrario, empieza a parecer como si la dificultad para estimar a Jesús de cualquier manera menos de la manera en que lo hizo Pedro es, en efecto, muy grande. Y la respuesta de Pedro a la pregunta de Jesús es paralizadora: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16:16).

Dios

Jesús es

Simplemente un maestro moral

Mentiroso

No Dios

Lunático

¡Pero!

“Sí”, dice el escéptico, “si creen todo lo que leen. Pero ¿por qué debemos de confiar en la historia que nos cuenta la Biblia?”

Les diré por qué.

Notas

2 “What Life Means to Einstein: An interview by George Sylvester Vyereck,” / “Lo que la Vida Significa para Einstein: Una Entrevista por George Sylvester Vyereck” The Saturday Evening Post, October 29, 1926.

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Aunque todo lo que hacen – y todas las decisiones que toman – tienen como propósito obtener la felicidad, podrían detenerse de vez en cuando y preguntarse, “¿Por qué estoy aquí?” y “¿Tiene la vida un significado más profundo?” Para encontrar la respuesta a estas preguntas, necesitan ir más allá de las distracciones del mundo y estar dispuestos a descubrir su verdadero propósito y su verdadero potencial.

Si encuentran su verdadero propósito, descubrirán que, en realidad, están “hechos para más” de lo que nuestra cultura nos ofrece. Verán la vida como la aventura que está supuesta a ser, y encontrarán que tienen un papel irremplazable que desempeñar en el mundo. Esto los colocará en el camino hacia una paz verdadera y una satisfacción que habrá de durar el resto de su vida – y hasta la eternidad.

Product Information

Alternative Headline Isn't it Time you Discover the Life God Created you to Live?

SKU MFMRPSF

Author Curtis Martin

ISBN 9781937509842

Publisher Beacon Publishing

Number of Pages 119

Book Format Paperback

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