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Spanish Edition The Real Story (Paperback)

CAPÍTULO UNO
PROBLEMAS EN EL PARAÍSO

El llamado y la caída de Adán

(Génesis 1-3)

No se dejen engañar: Pasan más cosas en el primer capítulo de la Biblia que las que pueden esperar; mas para captar su poderoso significado, tienen que estar dispuestos a ver la historia con la perspectiva de su público original: los israelitas antiguos.

La manera en que las culturas del cercano oriente como Israel contaban historias y transmitían su historia es muy distinta a la nuestra. Por lo general, no ofrecían recuentos directa, cronológicamente, “jugada por jugada”, como hacen los historiadores o reporteros periodísticos de la época moderna. En cambio, con frecuencia, los escritores bíblicos organizaban el material por temas y empleaban técnicas literarias elaboradas que utilizaban repetición, paralelismo, alusión y aliteración, arte que hoy día la mayoría de los lectores no sería capaz de entender cabalmente.

Ciertamente, éste es el caso del primer capítulo de la Biblia, Génesis 1. El recuento de los seis días de la Creación, los mandatos divinos (“¡Hágase la luz!”), y el descanso de Dios en el séptimo día no fue escrito con la intención que se le interpretara como si fuera un texto científico. Más bien, el pasaje usa un lenguaje figurado y recursos poéticos para comunicar su hermoso mensaje sobre la Creación y el plan de Dios para la humanidad. Estos ricos puntos teológicos en Génesis 1 son apreciados más profundamente cuando consideramos la manera en que los seis día de la Creación se desarrollan en la narración.

Numerosos sabios han indicado que existe una conexión en la narración entre los tres primeros días y los tres días siguientes. En los tres primeros días, Dios crea el día y la noche (primer día), el cielo y el mar (segundo día) y la tierra y la vegetación (tercer día). Después, el cuarto día, Dios crea el sol, la luna, y las estrellas para gobernar sobre el día y la noche, correspondiendo con lo que El había creado el primer día. El quinto día, Dios crea las aves para llenar el cielo y los peces para llenar el mar, correspondiendo con el segundo día. Y en el sexto día, Dios crea las bestias que se arrastran sobre la tierra, correspondiendo a la tierra creada el tercer día.

Día 1: Día & Noche _______ Día 4: Sol, Luna & Estrellas

Día 2: Cielo & Mar _______ Día 5: Aves & Peces

Día 3: Tierra & Vegetación _____ Día 6: Las Bestias

El autor del libro de Génesis está destacando una serie de paralelos entre los primeros tres días de la Creación y los últimos para revelar a Dios como el arquitecto divino, creando el universo con gran orden. Primero, El crea tres reinos en los días 1-3 (tiempo, espacio, y vida), y después, crea a los que van a gobernar sobre ellos en los días 4-6 (el sol, la luna y las estrellas sobre el tiempo; las aves y los peces llenando el cielo y el mar; y las bestias sobre la tierra). Finalmente, Dios crea al hombre y a la mujer como la coronación de Su Creación, haciéndolos a Su imagen y semejanza y dándoles la misión de gobernar sobre toda la Creación: “Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo” (Génesis 1: 26). Todo esto se pierde si no tomamos en cuenta el arte literario de los escritores bíblicos.

Un Mensaje Subversivo

También se pierde mucho si no consideramos el contexto histórico en el que este recuento fue escrito. Otras culturas antiguas del cercano oriente alrededor de Israel tenían sus propias historias acerca de cómo el mundo llegó a existir y cómo los seres humanos fueron creados. Pero la historia de Israel resalta por su énfasis en el monoteísmo – la creencia en un solo Dios.

Las naciones paganas alrededor de Israel creían en múltiples deidades, muchas de las cuales estaban asociadas con las cosas de este mundo. Le rendían culto al sol, a la luna, y a las estrellas; los monstruos marinos eran deidades poderosas y otros dioses paganos estaban asociados con las imágenes de varios animales.

Por lo tanto, que el primer verso de Génesis proclamara que el Dios de Israel es el único Dios verdadero que creó el sol, la luna, las estrellas, las criaturas marinas, y todos los animales debe haber sido un mensaje contrario a la cultura y subversivo. Génesis estaría resaltando cómo los mismos dioses a quienes los paganos les rendían culto no son realmente deidades en lo absoluto, sino simples criaturas del Dios de Israel, ¡el único verdadero Dios!

La Imagen lo es Todo

El drama del primer verso de Génesis seguidamente se mueve de la perspectiva cósmica de Dios creando el sol, la luna, y las estrellas al momento culminante en el que finalmente Dios crea al hombre: “Dijo Dios: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’”. (Génesis 1:26).

Con frecuencia, los cristianos hablan sobre cómo fuimos hechos “a imagen de Dios”. Pero ¿qué significa esto realmente?

Aunque este concepto tiene muchas capas de significado teológico (ver CIC 356-357), lo que se debe haber destacado para los israelitas antiguos al oír la historia de la creación de Adán y Eva tiene una relación con Dios que es verdaderamente extraordinaria. En el mundo visible, ninguna otra cosa siquiera se acerca a la comunión íntima que Dios establece con Adán y Eva.

En la Biblia, ser hecho a imagen de alguien más implica una relación de padre e hijo. De hecho, la próxima vez que esta palabra se usa en el Génesis, describe la relación entre Adán y su hijo Set: Adán … “tuvo un hijo a su imagen y semejanza, a quien llamó Set” (Génesis 5:3).

Si Set está hecho a imagen de su padre Adán, ¿qué nos diría eso sobre Adán haber sido hecho a imagen de Dios? Adán está siendo revelado como hijo de Dios. Así, toda la narración de la Biblia comienza con una sorprendente verdad acerca de nuestra identidad: Nosotros no somos simples criaturas del Creador o servidores de una deidad poderosa. Nosotros somos llamados a una relación íntima con este Dios infinito como Sus hijos, hechos a Su imagen.

La Paternidad de Dios

Este pasaje también nos da una visión de quién es Dios. Si Génesis 1 destaca cómo Adán fue creado como hijo de Dios, esto sugeriría que Dios debe ser entendido no simplemente como Señor sino también como Padre.

El resto de los primeros dos versos del libro de Génesis prosigue para mostrar el cuidado paternal que Dios le ofrece a Adán. Dios provee a Adán con un jardín lleno de agua para beber y de frutas y vegetación para comer. Crea a los animales y permite que Adán les dé nombre y los cuide, mostrándole a Adán su misión de gobernar sobre de toda la Creación natural de Dios y cuidarla. Hasta lo provee de una compañera: su esposa, Eva.

En medio de la historia, Dios le da a Adán solamente una ley restrictiva, un solo “No harás”: Él le dice a Adán, “Puedes comer todo lo que quieras de los árboles del jardín, pero no comerás del árbol del conocimiento del bien y del mal. El día que comas de él, ten la seguridad de que morirás” (Génesis 2:16-17). Esto nos lleva a una pregunta crucial para comprender la historia de Adán, así como la historia de nuestra propia vida: ¿Por qué da Dios la ley?

Dios no le da esta ley a Adán para controlarlo y restringir su libertad. Las palabras de Dios ponen de relieve la amplia libertad que le estaba dando a Adán para que comiera libremente de todo otro árbol del jardín. Hay solamente un árbol del cual Dios no quiere que Adán coma: el árbol del conocimiento del bien y del mal.

Tampoco es la ley dada simplemente para probar la obediencia de Adán. El mandato encierra un propósito mucho más profundo. El texto dice que Dios le advierte a Adán acerca de este árbol único porque no quiere que Adán se lastime: “el día que comas de él, ten la seguridad de que morirás”. En otras palabras, Dios da esta ley para proteger a Adán de algún peligro que está simbolizado por el árbol del conocimiento del bien y del mal (cf. CIC 396).1 Aquí podemos empezar a ver cómo la ley moral fluye del amor de Dios por nosotros. Como el Papa Juan Pablo II explicó una vez: “Dios, quien sólo es bueno, sabe perfectamente lo que es bueno para el hombre, y en virtud de Su mismo amor, le propone este bien al hombre en los Mandamientos”.2

El manual de instrucciones

Piensen en la ley moral de Dios como un manual de instrucciones para nuestra vida. Cuando compramos un automóvil, recibimos un manual del dueño que explica cómo operar mejor el vehículo. El fabricante que hizo el automóvil sabe cómo funciona y nos da instrucciones sobre cómo manejarlo para asegurar que funcione adecuadamente. Nadie ve estas instrucciones como imposiciones sobre nuestra vida. No son dadas para controlarnos o para restringir nuestra libertad; son dadas para ayudarnos a usar bien el vehículo.

Del mismo modo, la ley moral es como el manual de instrucciones de Dios para nuestra vida. Dios es el fabricante divino: Él nos hizo y sabe cómo funcionamos. Él sabe que ciertas acciones nos llevarán a la felicidad, mientras que otras terminarán solamente en frustración y vacío. Es por eso que Dios da la ley moral – para que ayude a guiarnos por el camino hacia la felicidad.

La estrategia de la serpiente: reglas vs. relación

La ley fluye del corazón del Padre. Pero el demonio quiere que Adán y Eva (y todos nosotros) veamos la ley de Dios aparte de Su amor – que veamos el mandato como una regla simplemente, no como una expresión de Su relación con nosotros.

Consideren las primeras palabras que la serpiente le dice a Eva: “¿Es cierto que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín?” (Génesis 3:1). Aquí, la serpiente simplemente se refiere al Señor como “Dios” (en hebreo, la palabra es Elohim). Este título se usa en el libro de Génesis para describir a Dios como el Creador del universo. El uso de este título por la serpiente aquí es particularmente sorprendente, porque el resto del Génesis 2-3 característicamente se refiere a Dios como “el Señor Dios” (en hebreo, Yawheh Elohim), lo cual en cualquier otra parte de la Biblia expresa la intimidad de Dios con Su pueblo, como el socio de la alianza de Israel. En Génesis 2, es el “señor Dios” quien crea al hombre de la tierra y sopla la vida en él, quien crea los animales y le permite a Adán nombrarlos, y quien crea a la mujer del costado de Adán. En realidad, el “Señor Dios” es un Dios amoroso, íntimamente involucrado en la vida de Adán y Eva, proveyendo para ellos como Sus hijos.

Pero la serpiente no aceptará nada de esto. No llama a Dios Yawheh Elohim. Quiere que Eva piense en Dios como una deidad remota, un creador distante – uno que da una ley onerosa. Es como si la serpiente estuviera diciendo, “Ese Creador distante, ese poderoso legislador, ¿dijo ‘No comerán de ninguno de los árboles del jardín’?” La serpiente quiere que ellos piensen en Dios como un legislador opresor cuyas reglas limitan su libertad.

La mujer responde mencionando que ellos pueden comer de otros árboles, pero que si comen del árbol en el medio del jardín, morirían (Génesis 3:2-3). Ante esto, la serpiente dice: “No es cierto que morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos; entonces ustedes serán como dioses y conocerán lo que es bueno y lo que no lo es” (Génesis 3:4-5).

Ataque a la paternidad de Dios

Sientan la gravedad de las palabras de la serpiente: Diciendo, “Ustedes no morirán”, la serpiente está llamando mentiroso a Dios. Según la serpiente, el árbol no es dañino; en realidad, es algo que hará que se vuelvan como Dios, quien tiene tanto miedo de que ellos coman del árbol y se vuelvan como Él que hace esta ley para mantenerlos bajo Su control.

Noten que el demonio no está tratando de que Adán y Eva quebranten la regla simplemente; en última instancia está tratando de hacerlos romper una relación. Entonces, el primer pecado consiste en dudar de la bondad paternal de Dios. Como explica el Catecismo: “El hombre, tentado por el demonio, deja morir en su corazón su confianza en su Creador y, abusando de su libertad, desobedece el mandato de Dios. En esto consiste el primer pecado del hombre. Todos los pecados subsecuentes serían desobediencia a Dios y falta de confianza en Su bondad” (CIC 397).

La primera tentación, así como todas las tentaciones siguientes, implican un ataque a la paternidad amorosa de Dios. En nuestro propio mundo relativista, muchas personas adoptan el punto de vista de la serpiente acerca de la ley moral de Dios: Dudan que realmente haya una ley moral dada para nuestro bien.

Cuando una cultura ve la religión como “simplemente un montón de reglas”, y la moralidad como la Iglesia “tratando de decirle a los demás qué hacer con su vida”, ya no ve la ley moral como algo que viene del corazón de un Padre amoroso que quiere lo mejor para nosotros. Como Adán y Eva, nuestro mundo moderno no ha abandonado la verdad moral, sino que ha comprado la mentira de la serpiente sobre el Mismo Dios.

El ‘Primer Evangelio’

Por medio del pecado, Adán y Eva introducen la discordia en la armonía original que tenían con Dios y necesitan desesperadamente ser restaurados. Separados de Dios espiritualmente y habiendo introducido la muerte en el mundo, Adán y Eva ahora tienen un problema que son incapaces de resolver por sí mismos. Justo en este momento de desesperación, Dios ofrece un mensaje de esperanza.

Después de la Caída, Dios confronta a la serpiente diciendo “Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tú herirás su talón” (Génesis 3:15). Estas palabras representan la primera vez en la Biblia en que el plan de salvación de Dios es anunciado proféticamente. Las imágenes de la lucha entre la cría de la serpiente y la prole de la mujer representan una larga batalla entre quienes habrán de seguir el camino de la serpiente y los descendientes de la mujer que seguirán el camino de Dios. Sin embargo, al final, la mujer es descrita teniendo un descendiente que derrotará al demonio. Como en la Biblia, el uso de la imagen del aplastamiento de la cabeza denota a un rey venciendo a sus enemigos, este pasaje representa a la mujer teniendo un descendiente real que surgirá para derrotar a la serpiente.

Los cristianos le han dado a este pasaje el nombre de Protoevangelium o “Primer Evangelio”. Según el Catecismo, estas palabras representan la primera profecía sobre la obra redentora de Cristo.

La tradición cristiana ve en este pasaje un anuncio del “nuevo Adán” que, por su “obediencia hasta la muerte, aún muerte en la Cruz” repara con sobreabundancia la desobediencia de Adán. Por otra parte, numerosos Padres y doctores de la Iglesia ven la mujer anunciada en el “protoevangelio” la madre de Cristo, María, como “nueva Eva” (CCC 411)

El Nuevo Adán

Mas Génesis 3 no sólo provee una profecía acerca de la victoria de Cristo sobre el demonio; la narración también anuncia cómo Jesús restaurará a los hijos de Adán al pacto con Dios.

Consideren lo que pasó después que Adán fue probado en el Jardín del Edén y comió del árbol del conocimiento del bien y del mal. Como resultado de la caída, Adán se enfrenta a varias maldiciones. Su labor no será tan fácil como lo fue una vez en el Jardín del Edén; ahora, tendrá que “sudar” en sus labores (Génesis 3:19) mientras sus plantíos tienen “espinas y cardos” (Génesis 3:18). Hasta el terreno donde trabajará está maldito (Génesis 3:17). Sin embargo, la más grave de las maldiciones es que no vivirá eternamente, sino que volverá al terreno del cual fue hecho. Dios le dice a Adán, “eres polvo y al polvo volverás” (Génesis 3:19).

Todo esto derrama una luz sobre el punto culminante de la misión de Cristo en Su Pasión y muerte. Como el Nuevo Adán, Jesús confronta las maldiciones que cayeron sobre Adán, las cuales han plagado a la humanidad desde la Caída. Al igual que Adán, la noche antes de morir, Jesús entra a un jardín – el Jardín de Getsemaní – donde es sometido a una prueba (Mateo 26:36-46). Allí, Él suda el sudor de Adán al experimentar gotas de sangre, similares a las gotas de sudor, rodándole por Su rostro. El Viernes Santo, Jesús asume simbólicamente la maldición de Adán de las espinas al ser entregado a los soldados romanos, quienes colocan una corona de espinas sobre Su cabeza (Mateo 27:29). Finalmente, Jesús asume hasta la maldición de la muerte de Adán al ir a un árbol – el árbol de la cruz – y muere en el Calvario. Y, al igual que Adán, Jesús es colocado en el terreno maldito, en el que es enterrado en una tumba. Es precisamente desde la oscuridad de esa tumba, en el terreno maldito, que Jesús, la Luz del Mundo, resucita victoriosamente de entre los muertos el Domingo de Pascua para hacer brillar la luz de la salvación al amanecer de la nueva creación.3

Notas Finales

  1. “El ‘árbol del conocimiento del bien y del mal’ evoca simbólicamente los límites insuperables que el hombre, siendo una criatura, tiene que reconocer libremente y respetar con confianza. El hombre depende de su Creador y está sujeto a las leyes de la Creación y a las normas morales que gobiernan el uso de la libertad” (CIC, 396). El hecho que, en última instancia, el hombre comiera de este árbol simboliza su falta de voluntad de aceptar esta dependencia de Dios. En cambio, el hombre usa su libertad para tratar de establecer por sí mismo lo que está bien y lo que está mal aparte de Dios. Busca “ser como Dios” pero sin Dios (CIC, 398). Mas esto trae consecuencias trágicas para el hombre – la separación de Dios y la introducción del pecado y la división en la familia humana. Dios quiere proteger al hombre de este grave peligro por medio de la ley dada en Génesis 3:16-17.
  2. Juan Pablo II, Veritatis Splendor, 35.
  3. Partes de este capítulo fueron basadas en un artículo de Edward Sri “From de Fathers Heart: God’s Law and Our Happiness” / “Del corazón del padre: la ley de Dios y nuestra felicidad” Lay Witness Mayo/Junio 2011, páginas 10-11.

Spanish Edition The Real Story (Paperback)

by Edward Sri and Curtis Martin

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About Spanish Edition The Real Story (Paperback)

¿Conoces la verdadera historia de la biblia?

¿Qué La verdadera historia, Edward Sri y Curtis Martin profundizan en la Palabra para examiner cómo todas estas piezas se conjugan en una narración cohesive—en una historia sobre cómo, poco a poco, Dios ha llevado a Su pueblo hacia una unión más cercana con Él, culminando con la venida de Jesucristo y el establecimiento de la Iglesia.

Por medio de un studio más destallado de los personajes y los eventos claves de la narración bíblica en general, Sri y Martin muestran que, en última instancia, la Biblia no es una coleción de historias inconexas, sino una saga épica del infinito amor de Dios por nosotros y Su plan perfecto para nuestra salvación desde el principio de los tiempos.

Product Information

SKU TRSYPSF

Author Edward Sri and Curtis Martin

ISBN 978-1-929266-91-3

Publisher Beacon Publishing

Book Format Paperback

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